Con efectos del 5-7-2023, se declara la finalización de la situación de crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19. Esto conlleva no solo el fin del uso obligatorio de las mascarillas, sino también de las medidas excepcionales que debían adoptarse en los centros de trabajo para evitar la propagación del virus.

Fin de la pandemia

Con efectos del 5-7-2023, se declara la finalización de la situación de crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19. Esto conlleva no solo el fin del uso obligatorio de las mascarillas, sino también de las medidas excepcionales que debían adoptarse en los centros de trabajo para evitar la propagación del virus.

Expresamente, se indica el cese en la aplicación de las medidas contenidas en diversos capítulos de la L 2/2021, entre los que se encuentra el precepto que establecía la obligación de adoptar en los centros de trabajo las siguientes medidas, y sin perjuicio del resto de la normativa laboral y de PRL (L 2/2021 art.7):

  1. Ventilación, limpieza y desinfección adecuadas a las características e intensidad de uso de los centros de trabajo, con arreglo a los protocolos que se establezcan en cada caso.
  2. Poner a disposición de los trabajadores agua y jabón, o geles hidroalcohólicos o desinfectantes con actividad virucida, autorizados y registrados por el Ministerio de Sanidad para la limpieza de manos.
  3. Adaptar las condiciones de trabajo, incluida la ordenación de los puestos de trabajo y la organización de los turnos, así como el uso de los lugares comunes de forma que se garantice el mantenimiento de una distancia de seguridad interpersonal mínima de 1,5 metros entre los trabajadores. Cuando ello no sea posible, deberá proporcionarse a los trabajadores equipos de protección adecuados al nivel de riesgo.
  4. Evitar la coincidencia masiva de personas, tanto trabajadores como clientes o usuarios, en los centros de trabajo durante las franjas horarias de previsible mayor afluencia.
  5. Adoptar medidas para la reincorporación progresiva de forma presencial a los puestos de trabajo y la potenciación del uso del teletrabajo cuando por la naturaleza de la actividad laboral sea posible.

Además, se establecía que no debían acudir al centro de trabajo las personas con síntomas compatibles con COVID-19 o en aislamiento domiciliario debido a un diagnóstico por COVID-19 o en periodo de cuarentena domiciliaria por haber tenido contacto estrecho con alguna persona con COVID-19. Igualmente, el inicio de síntomas compatibles con la enfermedad por parte de una persona trabajadora le obligaba a colocarse la mascarilla y seguir las recomendaciones del personal sanitario.

Para proteger a la población más vulnerable y mantener una cultura de la responsabilidad, se recomienda la utilización de las mascarillas y otras medidas higiénicas ante la presencia de síntomas de infección respiratoria, así como en los centros sanitarios en determinados contextos y situaciones, en particular:

  • por las personas sintomáticas cuando estén en espacios compartidos;
  • por los profesionales que atienden a casos sintomáticos;
  • por las personas que trabajan en unidades de Cuidados Intensivos y en Unidades con pacientes vulnerables, siguiendo las recomendaciones de control de infección aconsejadas por los Servicios de Medicina Preventiva y Prevención de Riesgos Laborales según la valoración del riesgo de cada centro sanitario;
  • en las urgencias hospitalarias o de atención primaria, incluida la sala de espera.

Además, en los centros residenciales de personas mayores y personas con discapacidad, aunque no se recomiende el uso universal de las mascarillas, se considera necesario tomar precauciones adicionales en caso de aparición de síntomas en trabajadores, residentes o visitantes, para evitar brotes, cuidando en todo caso el bienestar de los mayores tanto a nivel físico como emocional.

 

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Fuente: Lefebvre