El TSJ Madrid confirma la improcedencia del despido disciplinario de un trabajador que profirió insultos a un superior jerárquico, al valorar la Sala que se trata de un hecho aislado que se produjo en el marco de un clima de tensión y enfrentamiento mutuo, sin que el hecho de que tuviera lugar en presencia de otros trabajadores del centro implique una mayor gravedad de la conducta que justifique el despido.

Ofensas verbales como causa de despido

El TSJ Madrid se pronuncia nuevamente sobre la posibilidad de declarar la procedencia de un despido disciplinario por insultos a un superior jerárquico y recuerda la necesidad de valorar las circunstancias concretas concurrentes para determinar si las ofensas verbales revisten la gravedad suficiente para justificar un despido.

Los hechos que motivaron el cese se produjeron en el seno de una reunión en la que el trabajador comunica que, finalizado su horario de trabajo, debía ausentarse por motivos personales. Ante la advertencia de posibles sanciones por parte de la empresa, el trabajador reacciona contestando con un «a ver si te atreves gilipollas» a la administradora.

Impugnado el cese, la sentencia de instancia calificó el despido como improcedente, resolución que es confirmada en sede de suplicación.

A pesar de que tanto el ET como el convenio colectivo califican como una falta muy grave sancionable con el despido las ofensas verbales o físicas al empresario o las personas que trabajen en la empresa, la Sala considera que la correcta aplicación de la teoría gradualista exige valorar las circunstancias concurrentes y, en especial, el clima de tensión y el enfrentamiento imputable a ambas partes, de modo que la responsabilidad se atenúa en el caso de provocación del agredido.

También valora la Sala que se trata de un hecho aislado ya que la empresa había pactado que las anteriores faltas y sanciones no se tendrían en cuenta, por lo que no pueden valorarse ahora para determinar la gravedad de la conducta del actor. Tampoco atribuye especial relevancia al hecho de que el insulto se produjera en presencia de los demás trabajadores, al reiterar que se trata de un acto aislado.

La sentencia concluye que, pese a las formas destempladas, desabridas y malsonantes empleadas, las actuaciones no revisten la gravedad y culpabilidad necesarias para justificar su despido.

Finalmente, el TSJ recuerda que el ejercicio del poder disciplinario del empresario está sujeto a límites formales y materiales, de modo que no todo incumplimiento del contrato justifica el despido disciplinario, por ser la sanción más grave en derecho laboral, lo que obliga a una interpretación restrictiva, pudiendo el empresario recurrir a otras sanciones menos graves.

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Fuente: Lefebvre